
Eran semejantes a los fusiles y pesaban unos 4 ó 5 kilos.
Tenían poco alcance (entre 70 y 90 metros) y había que realizar varias maniobras (cargar el arma) antes de disparar.
Dado el escaso alcance de las armas, estas se situaban en el exterior del Tercio a poca distancia del enemigo. La rapidez para cargar y disparar era fundamental.
El arcabucero fue durante la mayor parte de la existencia de los Tercios la principal pieza ofensiva del sistema.

1) Llenar la cazoleta con pólvora

2) Cerrar la cazoleta y soplar para eliminar restos de pólvora

3) Llenar el Arcabuz de pólvora
El equipo incluía asimismo una bandolera para la pólvora, una mochila para las balas, la mecha y el mechero.
El arcabucero recibía el plomo y un molde para fundir sus propias balas.

4) Introducir la bala y empujarla con la baqueta hasta la pólvora
Salían de la formación cerrada y tras el disparo, los arcabuceros se refugiaban entre los piqueros.
Normalmente los arcabuceros se posicionaban en 5 filas, protegidos por las picas caladas.

5) Colocar la mecha en el serpentín
Cinco filas era la máxima protección que podía ofrecer una pica calada (asegurada en el suelo con el pié).
Tras la orden adecuada, los arcabuceros se adelantaban y descargaban por filas.

6) Colocarse el Arcabuz al hombro, apuntar y apretar el disparador
De las filas de arcabuces más retrasadas, salían hombres para refrescar las mangas de arcabucería.

7) Soplar la cazoleta para eliminar restos de pólvora y rescoldos
Alternando con los compañeros, que bien por sobrecalentamiento de sus armas (se consideraba el límite de cinco disparos seguidos, antes que el calentamiento amenazara con inutilizar el arma) o por simple cansancio, debían ser sustituidos.
